10 de mayo de 2018

Sobre la novela "Póker de cuatrillizos" del excelente escritor mexicano de literatura fantástica: Medardo Landon Maza Dueñas (México, 1974)


Sobre la novela Póker de cuatrillizos de Medardo Landon Maza Dueñas

José Carlos Vilchis Fraustro

Uno.
Hace algún tiempo me habían preguntado reiteradamente mi opinión sobre la saga de Joan Rowling, Harry Potter. Debo decir que muy tarde encontré el entusiasmo que me produjo, por eso antes de ello siempre contestaba: “debes leer primero a John Ronald Reuel Tolkien o a Úrsula Kroeber LeGuin, antes de preguntarme eso”. La razón se debe a que había defendido ferozmente durante mucho tiempo mi idea de que la saga de la escritora británica aún debía atravesar por el juicio del tiempo y el descubrimiento de otros consumados maestros de la literatura fantástica para que el lector hiciera su veredicto.
Puedo decirles que los libros que hablan de Terramar o la serie de libros que tratan sobre Arda y su más famoso continente La Tierra Media, son de una complejidad deslumbrante, que nos hacen saber de historias de mundos construidos por unos auténticos arquitectos de universos. LeGuin y Tolkien han sido para mí unos autores que no sólo pensaron los mundos de sus relatos, sino que los dotaron de Historia (lo digo con mayúsculas, como una disciplina de conocimiento, pues) de gestas, de misterios mitológicos que serán inherentes a los personajes y protagonistas de sus sagas y que afectan los acontecimientos relatados a partir de la memoria más antigua. Ante una imaginación tan desbordante para inventar aquellos mundos, en mi primera apreciación, Harry Potter adolecía de una manufactura tan compleja debido a que la saga sucedía en muy poco tiempo, apenas unos pocos años, mientras las otras sagas a las que me refiero tienen historias de antigüedades sobrecogedoras. Me basaba pues, de inicio y reiterándolo, en la idea de mitología, Historia vista como disciplina, como la memoria de una comunidad,  en la oralidad y su halo de antigüedad, en los relatos legendarios etc.  Pero esta opinión no me nubla para reconocer la riqueza inventiva del mundo de Rowling, en su detectivesco personaje principal, en sus referencias y construcciones del mundo mágico y por lo menos al respeto de la lengua latina que esgrime en los conjuros y fórmulas mágicas y mucho menos para apreciar que sus textos son cada vez más imprescindibles para regodearnos con el mundo de la fantasía. Tiene sus propios elementos y méritos, pues. Les quiero contar precisamente la anécdota que ilustra lo que comento: en la red circula una cita atribuida a Stephen King en una comparación entre Crepúsculo y Harry Potter en la popularidad que gozaban en cierto momento y que para el mundo editorial era equiparable:
“Harry Potter is about confronting fears, finding inner strength and doing what is right in the face of adversity. Twilight is about how important it is to have a boyfriend.”
“Harry Potter es sobre confrontar temores, encontrar la fuerza interior y hacer lo que es justo en medio de la adversidad. Crepúsculo es sobre lo importante que es tener un novio”.
Debo decir que no son palabras de Stephen King, sino de una internauta común y corriente llamada Robin Browne. Y, ¿qué ilustra? que hay niveles para comparar la literatura de fantasía y que los lectores (nosotros, el gran público) también somos críticos.
No sé si he ilustrado correctamente lo que quiero decir en mis comentarios, pero me ahorro la especulación: como lector siempre me he visto en la necesidad de valorar lo que leo. Potter, es la primera vez que lo confieso, al mirarlo lejos de los grandes maestros como los que he comentado, y ponerlo en otros derroteros y géneros literarios, adquirió otra tesitura para mí y el reconocimiento de su estatus. Observen, pues, el ejercicio que he tenido que hacer para iniciar con ideas sobre Tolkien, LeGuin, Rowling y Meyer, para decirles que Meyer, como autora, está muy lejos de lo que valoro en la literatura fantástica. He dicho, al final mucho y nada, intentando fijar la vista en lo que me atrapa literariamente, que es el reconocimiento de complejidades que pueden hacerme sentir catarsis en un relato. Van insertas mis ideas, obsesiones y complejidades que de seguro no son únicas y que comparto con cualquiera de nosotros.
En fin, ya les dije la anécdota pero no quiero dejar pasar la oportunidad de comentarles que si me preguntan de George R. R. Martin, debo decirles que no he leído su juego de tronos, pero lo haré pronto.

Dos.
Comencé exponiendo una pregunta reiterada hacia mí que quiero trasladar a la obra que hoy nos reúne. Si alguien me preguntara qué opino de Póquer de cuatrillizos de Medardo Landon Maza, diré que especialmente al buscador de sagas de literatura fantástica, con historias verdaderamente añejas, con una línea temporal antigua, con mitología, oralidad de rancia tradición y leyendas, que afectan las acciones y acontecimientos en el relato, habrá encontrado justamente un texto apropiado bajo estas exigencias.
No voy a ocultarlo al público, y corro el peligro de realizar un spoiler alert. Son relatos de mördyns, gente mediana a la que el propio autor reconoce como hobbits apócrifos. Pero lo hace para lograr un reconocimiento general sólo para que su lector no quede desprevenido: en realidad hay que leer la advertencia previa para descubrir que el autor no plagia a Tolkien, sino que venera la presencia del maestro y si uno se adentra más en la explicación, descubrirá que Medardo es un ingenioso lector y crítico de Tolkien para que sus mördyns tengan vida propia y un significado también propio. Esto que nos comenta Medardo de inicio es muy necesario, ya que en sí mismo es un libro de creación, influenciada, eso sí, pero también original en sí misma. Las gestas oníricas de las colinas evanescentes es un mundo propio creado con influencia de otras creaciones y autores sin que en ello yo vea contradicción alguna: la literatura, muchas veces, abreva de otra literatura y no por ello hay polémica en la originalidad del relato. El caso de nuestro póquer de cuatrillizos es complejo en este sentido ya que el mundo no tiene mayores referencias que sean iguales en estatura que el maestro Tolkien. Debo advertirles, por cierto, que mi impresión es que Medardo es un tipo muy conocedor de literatura de la antigüedad. Eso lo convierte en un autor que sabe el usus scribendi de ese tipo de producciones y a él como autor lo sitúa en ser un libre ejercitador del imitatio auctoris. Querido Medardo, no te voy a insultar diciéndote autor tipo fan fiction, dejemos esos términos para textos menos complejos, filológicamente hablando, como Cazadores de sombras y autoras como Cassandra Clare.
Cometí esta digresión a propósito. Volveré a mencionarte Medardo con mis sospechas de tu formación literaria, que se te sale en cada línea de tu libro. Después del capítulo primero y por la trama que presenta, no querrá el lector dejarlo sin saber su desarrollo y desenlace. Quiero decirles que el texto tiene un menú imprescindible de caminos secretos, espíritus naturales, bosques encantados, hadas, duendes, enanos, trolls, dragones de leyenda, elfos, trasgos, gnomos, humanos, brujas, sacerdotes, hechiceros, hombres rata, seres temibles como el legendario y derrotado Astado Señor de las Bestias… ¿ya dije brujas? Tewa, la banshee, la arpía, bruja blanca onírica temible al servicio de Lector Mosca, el sirviente de Anchllor, dominado a su vez bajo el tirano Lomins Damottrano, el conquistador de la Península Twollem… Sociedades secretas de rebeldes y policía secreta del tirano: jóvenes mördyns que en una noche tensa habrán de dejar la niñez, la inocencia y la adolescencia a fuerza de sentir en sus hombros el peso de la responsabilidad de madurar en unas pocas horas… Una profecía que se está cumpliendo entre harina y sangre, donde un asesino serial y una mördyn insurgente peligrosísima para la policía secreta, están metidos en uno de los capítulos más tensos que leí…Merywm, no olviden ese nombre, ni a los cuatro albinos nacidos en una noche, ni la persecución de los trasgos hasta un escondite secreto…
No… no voy a decir más en este aspecto. Compren el libro.

Tres.
Tenemos un libro con un narrador omnisciente que está dividido en 12 capítulos, cada uno con el nombre de algún personaje del relato. Atinadamente el autor supo cuidar que esos capítulos y sus protagonistas quedaran repartidos para que la voz omnisciente pudiera contarnos su génesis e incluso aventuras más allá de su existencia en el universo del mundo donde está la Península Twollem. No hay que perderse la nota previa del autor, ni el prólogo al que no hay que llegar con prejuicio porque se cometería el perjuicio de ignorar, por ejemplo, la profecía.
No importa si el lector no está avezado en Tolkien, LeGuin o Clive Stapes Lewis: Medardo ha sabido cuidar algunos aspectos primordiales para el lector:
Primero, que esto no son más que los compendios históricos de la Península Twollem que el relator y cronista Merywm Davirom escribió, para leerse en las plazas públicas.
Segundo: que este texto en 12 capítulos es exhaustivo en narrar viejas historias, en recuperar la memoria y darle sentido a cada personaje en un gran entramado que nos lleva a visualizar el tejido de un mundo, de un universo por descubrir.
Tercero: si no es suficiente que se conozca la historia que se escribió en este mundo de las gestas oníricas de las colinas evanescentes, tenemos al final un conjunto de apéndices para situarnos en lugares, leyendas, personajes, objetos y palabras en desuso.
Cuarto: las acciones del relato se producen dos planos temporales que se logran capítulo por capítulo: la noche del conflicto en la insurgencia, al mismo tiempo sirve para conocer el pasado de la Península de tintes antiquísimos.
Quinto: te dije, querido Medardo, que sospecho de tu formación literaria. Si todo lo anterior no es suficiente, esas influencias de la literatura de la antigüedad y la oralidad nos llevan a pensar en épocas de rapsodas, juglares, escribanos, bardos: con rasgos grecolatinos, escrituras de runas, Edad Media, oscurantismo; géneros como la poesía épica, los libros de caballerías, cantares de gesta, mitos y leyendas propios de un universo que sí nos es reconocible. No voy a dejar de mencionar héroes, batallas, gestas heroicas es algo a lo que el público lector está familiarizado.

Cuatro.
Debo decir que el texto es un reto, pero también un logro para nuestro autor, si juntamos varios de los puntos que he trabajado en este texto. Cuando el público lector acude a una librería, puede encontrarse con la mesa donde reposan las ediciones de literatura fantástica. El mercado es muy amplio y la reproducción de autores y obras también. Muchas veces en la literatura juvenil que es la etiqueta que persigue implacablemente a los imaginantes de este tipo de historias. El reto para nuestro joven autor es demostrar en este universo del género que vale la pena que su obra sea leída. La competitividad que exige el mercado editorial es al final lo que nos deja, como consumidores, la última decisión para adentrarnos en los mundos de la literatura fantástica. Sea pues, en esta presentación, mi sospecha de tu amplio conocimiento de la literatura la llave para recomendar este texto, ya que será el público lector quien tenga la última palabra. Por mi parte puedo decir que en su contenido no es un relato que me haya decepcionado y por ello reitero mi intención de no llamarte fan fiction, porque no has escrito a través de la idea de la imitación, sino de apropiarte de un usus scribendi.

Cinco.
La portada nos advierte que es un libro para mayores de 18 años, que tiene temas de abuso y lenguaje picaresco.
En efecto, la portada tiene razón. Dejo a la supervisión adulta la lectura de este libro, más no así en los libros que anteceden este relato pródigo. También dejo al lector que descubra esos temas de abuso, pero también que descubra que tienen un sentido específico que nos devela los dramas de la Península Twollem.
Creo, sin embargo, pertinente decirte que el lenguaje picaresco a veces me sonaba demasiado local en el coloquialismo nacional. En mi purismo tal vez no podría ser objetivo y correr el peligro de dejar de reconocer su sentido en el relato. Por ello el desafío del lenguaje es permanente en tu texto. Pero quiero dejar, nuevamente, al público lector en su propia experiencia literaria con tu novela, para que sea quien juzgue en completa libertad el asunto.

Seis. Punto final.
Debo finalizar subrayando que Medardo es un egresado de la licenciatura en Creación literaria de nuestra Casa de estudios, la UACM. En el campo profesional es escritor, editor, profesor ¿eres ensayista? ¿Crítico literario? [Medardo contesta que sí. Tiene tiempo de enriquecer su visión del crítico, inteligente y amena]. Y no me cabe duda que sabes de historia literaria, y la cuestión me enorgullece porque siempre le digo a mis estudiantes de literatura que hay que ser literatos todo terreno. Y esa es la impresión que tengo de ti. Te debo la fortuna de conocer tu Póquer de cuatrillizos porque es una novela que en sentido inicial de esta exposición de ideas no me decepcionó en su manufactura, personajes, trama y conflictos. No he agotado los temas, por cierto, ni he podido apenas dejar vislumbrar en esta presentación una idea que es mi deseo compartirles: si Medardo fuera músico, no sería un compositor de un compendio de canciones para manufacturar un álbum. Tu capacidad te da para convertirte en un compositor de sinfonías completas. Estamos pues ante un creador de universos.

Muchas gracias.



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