José Carlos Vilchis Fraustro
Uno.
Hace algún tiempo me habían preguntado reiteradamente mi
opinión sobre la saga de Joan Rowling, Harry Potter. Debo decir que muy tarde
encontré el entusiasmo que me produjo, por eso antes de ello siempre
contestaba: “debes leer primero a John Ronald Reuel Tolkien o a Úrsula Kroeber
LeGuin, antes de preguntarme eso”. La razón se debe a que había defendido
ferozmente durante mucho tiempo mi idea de que la saga de la escritora
británica aún debía atravesar por el juicio del tiempo y el descubrimiento de
otros consumados maestros de la literatura fantástica para que el lector
hiciera su veredicto.
Puedo decirles que los libros que hablan de
Terramar o la serie de libros que tratan sobre Arda y su más famoso continente
La Tierra Media, son de una complejidad deslumbrante, que nos hacen saber de
historias de mundos construidos por unos auténticos arquitectos de universos.
LeGuin y Tolkien han sido para mí unos autores que no sólo pensaron los mundos
de sus relatos, sino que los dotaron de Historia (lo digo con mayúsculas, como
una disciplina de conocimiento, pues) de gestas, de misterios mitológicos que serán
inherentes a los personajes y protagonistas de sus sagas y que afectan los
acontecimientos relatados a partir de la memoria más antigua. Ante una
imaginación tan desbordante para inventar aquellos mundos, en mi primera
apreciación, Harry Potter adolecía de una manufactura tan compleja debido a que
la saga sucedía en muy poco tiempo, apenas unos pocos años, mientras las otras
sagas a las que me refiero tienen historias de antigüedades sobrecogedoras. Me
basaba pues, de inicio y reiterándolo, en la idea de mitología, Historia vista
como disciplina, como la memoria de una comunidad, en la oralidad y su
halo de antigüedad, en los relatos legendarios etc. Pero esta opinión no
me nubla para reconocer la riqueza inventiva del mundo de Rowling, en su
detectivesco personaje principal, en sus referencias y construcciones del mundo
mágico y por lo menos al respeto de la lengua latina que esgrime en los
conjuros y fórmulas mágicas y mucho menos para apreciar que sus textos son cada
vez más imprescindibles para regodearnos con el mundo de la fantasía. Tiene sus
propios elementos y méritos, pues. Les quiero contar precisamente la anécdota
que ilustra lo que comento: en la red circula una cita atribuida a Stephen King
en una comparación entre Crepúsculo y Harry Potter en la popularidad que
gozaban en cierto momento y que para el mundo editorial era equiparable:
“Harry Potter is about
confronting fears, finding inner strength and doing what is right in the face
of adversity. Twilight is about how important it is to have a boyfriend.”
“Harry Potter es sobre confrontar temores,
encontrar la fuerza interior y hacer lo que es justo en medio de la adversidad.
Crepúsculo es sobre lo importante que es tener un novio”.
Debo decir que no son palabras de Stephen
King, sino de una internauta común y corriente llamada Robin Browne. Y, ¿qué
ilustra? que hay niveles para comparar la literatura de fantasía y que los
lectores (nosotros, el gran público) también somos críticos.
No sé si he ilustrado correctamente lo que
quiero decir en mis comentarios, pero me ahorro la especulación: como lector
siempre me he visto en la necesidad de valorar lo que leo. Potter, es la
primera vez que lo confieso, al mirarlo lejos de los grandes maestros como los
que he comentado, y ponerlo en otros derroteros y géneros literarios, adquirió
otra tesitura para mí y el reconocimiento de su estatus. Observen, pues, el
ejercicio que he tenido que hacer para iniciar con ideas sobre Tolkien, LeGuin,
Rowling y Meyer, para decirles que Meyer, como autora, está muy lejos de lo que
valoro en la literatura fantástica. He dicho, al final mucho y nada, intentando
fijar la vista en lo que me atrapa literariamente, que es el reconocimiento de
complejidades que pueden hacerme sentir catarsis en un relato. Van insertas mis
ideas, obsesiones y complejidades que de seguro no son únicas y que comparto
con cualquiera de nosotros.
En fin, ya les dije la anécdota pero no quiero
dejar pasar la oportunidad de comentarles que si me preguntan de George R. R.
Martin, debo decirles que no he leído su juego de tronos, pero lo haré pronto.
Dos.
Comencé exponiendo una pregunta reiterada hacia mí que
quiero trasladar a la obra que hoy nos reúne. Si alguien me preguntara qué
opino de Póquer de cuatrillizos de Medardo Landon Maza, diré que especialmente
al buscador de sagas de literatura fantástica, con historias verdaderamente
añejas, con una línea temporal antigua, con mitología, oralidad de rancia
tradición y leyendas, que afectan las acciones y acontecimientos en el relato,
habrá encontrado justamente un texto apropiado bajo estas exigencias.
No
voy a ocultarlo al público, y corro el peligro de realizar un spoiler
alert. Son relatos de mördyns, gente mediana a la que el propio autor
reconoce como hobbits apócrifos. Pero lo hace para lograr un reconocimiento
general sólo para que su lector no quede desprevenido: en realidad hay que leer
la advertencia previa para descubrir que el autor no plagia a Tolkien, sino que
venera la presencia del maestro y si uno se adentra más en la explicación,
descubrirá que Medardo es un ingenioso lector y crítico de Tolkien para que sus
mördyns tengan vida propia y un significado también propio. Esto que nos
comenta Medardo de inicio es muy necesario, ya que en sí mismo es un libro de
creación, influenciada, eso sí, pero también original en sí misma. Las
gestas oníricas de las colinas evanescentes es un mundo propio creado
con influencia de otras creaciones y autores sin que en ello yo vea
contradicción alguna: la literatura, muchas veces, abreva de otra literatura y
no por ello hay polémica en la originalidad del relato. El caso de nuestro
póquer de cuatrillizos es complejo en este sentido ya que el mundo no tiene
mayores referencias que sean iguales en estatura que el maestro Tolkien. Debo
advertirles, por cierto, que mi impresión es que Medardo es un tipo muy
conocedor de literatura de la antigüedad. Eso lo convierte en un autor que sabe
el usus scribendi de ese tipo de producciones y a él como
autor lo sitúa en ser un libre ejercitador del imitatio auctoris.
Querido Medardo, no te voy a insultar diciéndote autor tipo fan
fiction, dejemos esos términos para textos menos complejos,
filológicamente hablando, como Cazadores de sombras y
autoras como Cassandra Clare.
Cometí esta digresión a propósito. Volveré a
mencionarte Medardo con mis sospechas de tu formación literaria, que se te sale
en cada línea de tu libro. Después del capítulo primero y por la trama que
presenta, no querrá el lector dejarlo sin saber su desarrollo y desenlace.
Quiero decirles que el texto tiene un menú imprescindible de caminos secretos,
espíritus naturales, bosques encantados, hadas, duendes, enanos, trolls,
dragones de leyenda, elfos, trasgos, gnomos, humanos, brujas, sacerdotes,
hechiceros, hombres rata, seres temibles como el legendario y derrotado Astado
Señor de las Bestias… ¿ya dije brujas? Tewa, la banshee, la arpía, bruja blanca
onírica temible al servicio de Lector Mosca, el sirviente de Anchllor, dominado
a su vez bajo el tirano Lomins Damottrano, el conquistador de la Península
Twollem… Sociedades secretas de rebeldes y policía secreta del tirano: jóvenes
mördyns que en una noche tensa habrán de dejar la niñez, la inocencia y la
adolescencia a fuerza de sentir en sus hombros el peso de la responsabilidad de
madurar en unas pocas horas… Una profecía que se está cumpliendo entre harina y
sangre, donde un asesino serial y una mördyn insurgente peligrosísima para la
policía secreta, están metidos en uno de los capítulos más tensos que
leí…Merywm, no olviden ese nombre, ni a los cuatro albinos nacidos en una
noche, ni la persecución de los trasgos hasta un escondite secreto…
No… no voy a decir más en este aspecto.
Compren el libro.
Tres.
Tenemos un libro con un narrador omnisciente que está
dividido en 12 capítulos, cada uno con el nombre de algún personaje del relato.
Atinadamente el autor supo cuidar que esos capítulos y sus protagonistas
quedaran repartidos para que la voz omnisciente pudiera contarnos su génesis e
incluso aventuras más allá de su existencia en el universo del mundo donde está
la Península Twollem. No hay que perderse la nota previa del autor, ni el
prólogo al que no hay que llegar con prejuicio porque se cometería el perjuicio
de ignorar, por ejemplo, la profecía.
No importa si el lector no está avezado en
Tolkien, LeGuin o Clive Stapes Lewis: Medardo ha sabido cuidar algunos aspectos
primordiales para el lector:
Primero, que esto no son más que los
compendios históricos de la Península Twollem que el relator y cronista Merywm
Davirom escribió, para leerse en las plazas públicas.
Segundo: que este texto en 12 capítulos es
exhaustivo en narrar viejas historias, en recuperar la memoria y darle sentido
a cada personaje en un gran entramado que nos lleva a visualizar el tejido de
un mundo, de un universo por descubrir.
Tercero: si no es suficiente que se conozca la
historia que se escribió en este mundo de las gestas oníricas de las colinas
evanescentes, tenemos al final un conjunto de apéndices para situarnos en
lugares, leyendas, personajes, objetos y palabras en desuso.
Cuarto: las acciones del relato se producen
dos planos temporales que se logran capítulo por capítulo: la noche del
conflicto en la insurgencia, al mismo tiempo sirve para conocer el pasado de la
Península de tintes antiquísimos.
Quinto: te dije, querido Medardo, que sospecho
de tu formación literaria. Si todo lo anterior no es suficiente, esas
influencias de la literatura de la antigüedad y la oralidad nos llevan a pensar
en épocas de rapsodas, juglares, escribanos, bardos: con rasgos grecolatinos,
escrituras de runas, Edad Media, oscurantismo; géneros como la poesía épica,
los libros de caballerías, cantares de gesta, mitos y leyendas propios de un
universo que sí nos es reconocible. No voy a dejar de mencionar héroes,
batallas, gestas heroicas es algo a lo que el público lector está
familiarizado.
Cuatro.
Debo decir que el
texto es un reto, pero también un logro para nuestro autor, si juntamos varios
de los puntos que he trabajado en este texto. Cuando el público lector acude a
una librería, puede encontrarse con la mesa donde reposan las ediciones de
literatura fantástica. El mercado es muy amplio y la reproducción de autores y
obras también. Muchas veces en la literatura juvenil que es la etiqueta que
persigue implacablemente a los imaginantes de este tipo de historias. El reto
para nuestro joven autor es demostrar en este universo del género que vale la
pena que su obra sea leída. La competitividad que exige el mercado editorial es
al final lo que nos deja, como consumidores, la última decisión para
adentrarnos en los mundos de la literatura fantástica. Sea pues, en esta
presentación, mi sospecha de tu amplio conocimiento de la literatura la llave
para recomendar este texto, ya que será el público lector quien tenga la última
palabra. Por mi parte puedo decir que en su contenido no es un relato que me
haya decepcionado y por ello reitero mi intención de no llamarte fan
fiction, porque no has escrito a través de la idea de la imitación, sino
de apropiarte de un usus scribendi.
Cinco.
La portada nos advierte que es un libro para mayores de
18 años, que tiene temas de abuso y lenguaje picaresco.
En efecto, la portada tiene razón. Dejo a la supervisión
adulta la lectura de este libro, más no así en los libros que anteceden este
relato pródigo. También dejo al lector que descubra esos temas de abuso, pero
también que descubra que tienen un sentido específico que nos devela los dramas
de la Península Twollem.
Creo, sin embargo, pertinente decirte que el
lenguaje picaresco a veces me sonaba demasiado local en el coloquialismo
nacional. En mi purismo tal vez no podría ser objetivo y correr el peligro de
dejar de reconocer su sentido en el relato. Por ello el desafío del lenguaje es
permanente en tu texto. Pero quiero dejar, nuevamente, al público lector en su
propia experiencia literaria con tu novela, para que sea quien juzgue en
completa libertad el asunto.
Seis.
Punto final.
Debo finalizar
subrayando que Medardo es un egresado de la licenciatura en Creación literaria
de nuestra Casa de estudios, la UACM. En el campo profesional es escritor,
editor, profesor ¿eres ensayista? ¿Crítico literario? [Medardo contesta que sí.
Tiene tiempo de enriquecer su visión del crítico, inteligente y amena]. Y no me
cabe duda que sabes de historia literaria, y la cuestión me enorgullece porque
siempre le digo a mis estudiantes de literatura que hay que ser literatos todo
terreno. Y esa es la impresión que tengo de ti. Te debo la fortuna de conocer
tu Póquer de cuatrillizos porque es una novela que en
sentido inicial de esta exposición de ideas no me decepcionó en su manufactura,
personajes, trama y conflictos. No he agotado los temas, por cierto, ni he
podido apenas dejar vislumbrar en esta presentación una idea que es mi deseo
compartirles: si Medardo fuera músico, no sería un compositor de un compendio
de canciones para manufacturar un álbum. Tu capacidad te da para convertirte en
un compositor de sinfonías completas. Estamos pues ante un creador de
universos.
Muchas gracias.
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