5 de agosto de 2014

Nueva sangre en la poesía escénica de Sevilla. Cosa grande y revitalizante. Vía - Sevilla Directo

La poesía de lo terrible de ‘Actos Poéticos’


Actos Poéticos
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Desde pintar cuadros vomitando la pintura, hasta ser víctima de una paliza o hacer de cadáver en un velatorio, Leocadio Pérez de Vargas y Rubén Ruiz Ganga conjugan la poesía y la escena para crear obras al frente de 'Actos Poéticos', colectivo que organiza ciclos itinerantes de perfopoesías. 

Se abre un telón, inexistente para unos imaginario para otros y a veces hasta real para todos, y aparecen ellos dos con un ayuno de dos días, un lienzo y pintura. Entonces comienza la función que consiste en beber pintura para vomitarla en un lienzo. “Básicamente pintábamos un lienzo a partir de un sacrificio que era ingerir pintura, digamos, para luego vomitarla y así hacer un cuadro. Como performance se improvisó un poco porque hubo algunos problemas”, explica Leocadio Pérez de Vargas, joven sevillano de 21 años.
“Lo que queríamos era explicar que para dedicarse al arte en cualquier porcentaje necesitas un sacrificio. Nosotros llevábamos dos días sin comer para vomitar. La técnica no es nuestra sino que es adquirida de Millie Brown. La performance consistía en vomitar pintura, una pintura comestible que era leche coloreada. Teníamos el objetivo de pintar un cuadro con el sacrificio nuestro personal, así que ingerimos la pintura de diferentes colores y nos provocamos el vómito sobre el lienzo, pero hubo un problema, en un momento dado a mí no me salía el vómito”, explica Rubén Ruiz Ganga, sevillano de 29 años.
” En como yo entiendo la performance muchas veces el fin justifica los medios, y la performance tiene un fin, y yo use todos los medios que estaban en mi mano. No es algo que estuviera planeado sino que fue algo que surgió, cogí una de las botellas donde llevábamos la leche, la partí, y me hice un corte en el codo. Fue un corte más exagerado de lo que yo tenía planeado, pues aquello sangró bastante pero conseguimos terminar el cuadro. El objetivo de terminar de pintar era porque del cuadro cuando se empapaba surgía una paloma prepintada y bueno…Nosotros salimos muy contentos de esa performance pero sí que hubo mucha polémica”, concluye Rubén. “Porque la gente se quedó con el método y no con el fin que era el cuadro”, añade Leocadio.
De eso va todo esto. De poesía en acción. De acción sin miramientos. O comos ellos mismo se han denominado, de ‘Actos Poéticos’. Que sea poesía todo lo que reluce depende de ellos, sí, pero también depende de la luz que se les proyecte. Ahí va otra oportunidad.
Se abre el telón, inexistente para unos imaginario para otros y a veces hasta real para todos, y aparecen proyecciones de imágenes, algunas de palomas muertas tiradas en la calle, mientras se lanzan preguntas y afirmaciones, se reparten canapés al público y ambos dos cenan. Ésta fue su primera performance juntos.
“Llevábamos en Sevilla recitando bastante tiempo y digamos que llegó el momento en el que no nos apetecía tener un papel entre las manos y leer, sino pasar un poco más al movimiento. Y comenzamos un ciclo que se hizo aquí,‘Nuevas Miradas’, y decidimos pasar a lo que teníamos pensado’, comenta Leocadio.
“Iba un poco de lo que va actos poéticos, de que tanto en los momentos como en las cosas más sucias, más tristes, más terroríficas o terribles puedes encontrar algo que sea verdad y que sea bello. La performance consistía en unas proyecciones que hacían preguntas directamente al público y que también lanzaban afirmaciones mientras que él y yo cenábamos. Previamente habíamos repartido unos canapés que llevaban algo de carne de ave con queso de cabra y una uva, y durante la proyección se mostraban imágenes de eso, afirmaciones reales, cuestiones incómodas, y lanzábamos imágenes que habíamos ido recolectando meses atrás de palomas muerta en la calle”, explica Rubén.
Y de ahí surgió la paloma muerta, más que muerta aplastada contra el asfalto, como logo del colectivo. “Era un poco eso, incomodar a la gente con la verdad, con que una paloma siempre la vemos de una forma muy digna, algunos aquí en Sevilla casi que rinden culto a la paloma, como el Parque María Luisa, pero claro, las palomas también mueren, y que incluso en esas imágenes hay algo de bello, hay algo de estético. La performance es algo de eso”. Afirma Rubén.
Actos Poéticos2
Leocadio y Rubén son ‘Actos Poéticos’, un colectivo que realiza performances mensuales en ciclos itinerantes, es decir, en bares, teatros, salas de exposiciones o en cualquier lugar en el que puedan desarrollar sus escenificaciones, junto a una lista infinita, contabilizan ellos, de colaboradores, a los que dicen estar muy agradecidos. Gente como Ana Rojano grabando y editando, Pablo leal diseñando los carteles, Alejandro Romerofotografiando, y muchos más sin los cuales afirman no serían Actos Poéticos.
“Una de las cosas por la que nosotros empezamos es porque admirábamos a performers internacionales y teníamos nuestra inquietud de hacer cosas a nuestra manera, de hacer nuestras propias performances y no teníamos el espacio. Había ciclos de pintura, poéticos, de microteatro pero no había un espacio para la performance, así que nos miramos a la cara y dijimos, pues vamos a hacerlo nosotros, y de ahí surgió”.
Una de sus más recientes creaciones son las Batallas Líricas que se han podido ver en el Ciclo de poesía 21º del Cicus. O sea que el telón inexistente para unos imaginario para otros y a veces hasta real para todos se levanta para dar lugar a un ring en el que unos participantes con su propio repertorio se enfrentan en eliminatorias de a dos. Cualquiera puede participar y es el público finalmente quien decide con sus votos el ganador.
“Las reglas son esas. Llevas tus poemas, tienes un máximo de tiempo, tienes que tener una carga escénica, una carga performática, y cuando termine el tiempo la gente vota, si ganas pasas a la siguiente ronda, si pierdes te vas a casa. La primera Batalla Lírica la ganó Siracusa Bravo Guerrero, que es una chica que publica con El Cangrejo Pistolero. La segunda que hicimos hace un par de semana la ganó Rocío Muñoz Vergara, que es una poeta sevillana que también ha trabajado mucho en Argentina y es coeditora de Espiral Calipso, una editorial Argentina”.
En otra de sus obras recrearon un velatorio y el cadáver era un Leocadio desnudo, o como él lo llama “El cadáver intelectual”, o como se llama de forma oficial ‘El cadáver exquisito’. “Montamos un velatorio con flores, velas y el cadáver, que era él desnudo, e hicimos pasar al público poniendo flores. Amigos y allegados nos subíamos y le dedicábamos un poema. La verdad es que tuvo bastante éxito. A la gente le gustó. A los seres queridos nos facilitó los texto, eso fue completamente obra de su mente”, explica Rubén.
Dentro de ese elenco infinito de colaboradores que participan en los ciclos de Actos Poéticos y que un día forman parte de la lista de invitados de un velatorio y otro participan en unas peleas líricas más o menos clandestinas, están jóvenes poetas como, según nos cuentan, Joselito Ramone, quien en una de sus obras realizó una liturgia basada en ‘El almuerzo desnudo’ de  William BurroughsMarta Núñez Puzol, estudiante de doctorado en literatura comparada, Rocío Muñoz Vergara, quién, como cuentan Rubén, ha hecho dedisc-jockey recitando poemas con cajas de músicas, o Alicia Saco, una actriz otrora especialista de cine.
“Con Alicia hice una performance que trataba sobre cómo son las relaciones personales al principio, cómo el hombre y la mujer se interrelacionan, cómo a veces se hacen daño, se quieren el uno al otro por conseguir un objetivo, un ideal. Ella salía de la oscuridad muy beligerante, muy totalitaria, arrastrándome a mí con una cadena. Yo estaba en plan Guantánamo, con la capucha y tal, y durante diez minutos ella me arreaba de ostias mientras me intentaba, digamos, seducir. Básicamente es una representación del juego de poder que creo hay cuando comienzas una relación ya sea sexual o amorosa”, explica Rubén.
Y visto lo visto y escuchado lo escuchado parece muy normal tener esa impresión que dice que en este híbrido arte de la poesía y la performance todo vale. “Yo creo que el límite está en la cabeza del artista. O sea todo vale. Siempre hay unos límites legales, no puedes coger y matar a alguien, pero creo que dentro de lo legal lo bonito es expresarte rompiendo límites, es lo bueno que tiene la performance, que hace al público vivir una experiencia. Tú puedes ir a 200 recitales poéticos de chico y chica con sus papeles en mano leyendo muy bien, interpretando muy bien, y vuelves a casa y lo puedes olvidar perfectamente, pero cuando alguien te habla del sacrificio sacrificándose, o pone otros elementos sobre la mesa, te hacen decir, joder hay un tío ahí que lleva 40 minutos quieto, controlando la respiración, desnudo para parecer un cadáver…”
También es habitual que en este tipo de creaciones se perciba una especie de fragilidad en el ambiente, algo que está a punto de desmoronarse, una especie de dramatismo al borde de la ruptura, de sueño que no terminar de arrancar, de realidad que no termina por desaparecer, haciéndose compleja la estancia dentro de ciertas propuestas, quizás sea culpa del mecanismo de defensa que se pone en marcha ante tanta intensidad, que se percibe como virulencia y vulnera algo más que la concentración, o también por el fuerte contraste entre como se vive dentro y fuera de ese escenario que puede cortar la digestión, o también quizás por los efectos colaterales de vivir en una sociedad que fomenta la distracción, que desordena la atención como un trilero. Cuando hace falta cuesta encontrar la conciencia y convivir con ella y seguir buscando una vez encontrada. “Eso siempre pasa. Si a nosotros vienen a vernos x personas, suponemos que un numero se lo tomará en serio, se sumergirá en la experiencia…a mí personalmente no me afecta”, comenta Rubén.
Ante la ruptura, la pérdida, entre otras posibilidades se recomienda seguir la luz del concepto, del discurso, de la filosofía, que es donde normalmente se encuentra el núcleo poético, la potente fuerza creativa que vas más allá de la estética y que tiene algo que decir. “Yo personalmente creo que la poesía debe de ser sincera, a mí me da igual que me hable del conflicto palestino, de Podemos o del café que te has tomado, pero tiene que ser sincera, tienen que nacer de un espíritu, de una necesidad de crear algo artístico, no de un trabajo, no de un querer enamorar a una chica, no de un querer quedar bien, hay muchos poetas que son del quedar bien”, comenta Rubén, quien recita a William Blakey su “Tiger, tiger, burning bright In the forests of the night”, cuando se le pregunta de qué planeta viene. También menciona a Bukowski, a Borges, aBolaño, a Reinaldo Arenas, a Leopoldo García Panero, aunque quien realmente viene de ese planeta ya lugar común en la tierra es Leocadio. “A mí me gusta mucho leer una literatura que busca una belleza en algo que no es tan cotidiano, que no es corazón, amor…sino una belleza en algo más feo. Y ahí me vacío a la hora de escribir, en buscar una belleza dentro de algo oscuro”, añade.
Los dos aseguran haberse conocido en los bares, los dos escriben desde ese tiempo desde el que dicen que se empieza a usar la razón, los dos cuentan historias de chicos de instituto que tienen en las bibliotecas y en los parques sus armerías y sus refugios particulares, los dos se reconocen en la historia del otro, historias de rebeldes con causa muy propia, casi en exclusiva, e historias con la educación reglada como amenaza particular. Rubén eso sí da la impresión de ser más hablador. “Supongo que muchas veces quieres decir algo y no encuentras la manera de decirlo, o no puedes decirlo de la forma o a la gente apropiada y te lanzas y lo escribes. De la poesía empecé a escribir prosa, prosa poética también, y de ahí, de buscar una forma diferente de comunicarme de otra forma artística conocí la performance”.
Con Chilango Andaluz comenzaron en esto de la perfopoesía. En la poesía más estática, aunque nunca lo sea completamente, tienen publicado en Antología con el mismo Chilango Andaluz. “Tampoco somos de esa clase de artistas que están continuamente luchando por publicar, somos más de luchar por seguir escribiendo, por tener algo interesante que contar, por conectar con un público que por publicar, siempre habrá tiempo”, afirma Rubén, aunque reconoce haber escrito una novela, aún no publicada, y estar escribiendo otra.
Respecto al ideal de performance mencionan a Abramovic y a Olivier de Sagazan. Entonces se vuelve a levantar ese telón para unos inexistente para otros imaginario a veces real para todos pues hablan de una chica francesa que en una de sus Batallas Líricas, tras recitar unos versos, se envolvió con una cinta adhesiva hasta que no pudo más. Después empezó a luchar con todas sus fuerzas por liberarse de la cinta. “¿Por qué impresiona?, porque ves una lucha, ves ahí un conflicto aunque sea sencillo, porque el poema era así, muy francés malísimo, algo así como te amo y te echo de menos, y después se ataba y luchaba por desatarse, y claro, ves un enlace entre la acción y el verso, le hubiera dado el premio automáticamente en ese momento”.
Y después hablan de una chica que trataba de sacar una botella de una habitación a soplidos. Se llama Nilofar Rezan. “Dicho así suena muy sencillo, pero claro, la habitación era grande, y cuando ya te falta el resuello…y tú dices, tengo un fin, que es sacar la botella, y tengo unos medios, que es todo el aliento que pueda, cuando ves a esa persona luchar contra su propia resistencia para conseguir su objetivo, para mí eso es algo bello”. “Para mí hay un paralelismo en el arte, en ese sentido, en el que tú luchas contra lo que es natural en ti, que es huir de la situación peligrosa, incomoda, o dolosa, y la performance es al revés, tu luchas por ir más adelante, por sobrevivir a esa experiencia y transmitir algo con ella, conseguir algo con ella”, explica Rubén.
Ambos dos parecen estar imbuidos de algún tipo de voluntad extraña que les dota de la capacidad de hacer lo que se les pase por la cabeza. Algo especial tienen que tener cuando hacen lo que hacen. Buscando y rebuscando no se encuentra nada en ellos que no sea habitual. Ambos tienen padre y madre. El padre de Rubén lleva temas de conserjerías. Su madre es enfermera. Rubén ha sido jardinero y ahora está en paro. Todo muy normal. El padre de Leocadio trabajaba en el sector inmobiliario, ahora está jubilado, su madre es abogada.
“Mi familia siempre dice que va a venir y al final siempre surge algo. Han visto cosas. La performance de la chica dándome una paliza y los dos desnudos en el escenario…mi madre , mi padre, bien, dentro de lo que cabe, mi hermana que es un poco más devota cristiana, mas moralista, dice que no le gusta, incluso mi sobrina, que tiene seis años, y prácticamente vive conmigo. Yo no tengo ningún miedo de enseñarle ese tipo de performance, porque creo que las relaciones humanas y la sexualidad es algo totalmente natural y que no se deben esconder”, comenta Rubén. ”Yo espero que mis padres nunca esperen una mención si gano un premio”, añade Leocadio. “Yo apoyo familiar si tengo, por ejemplo económico muchas veces, para sacar carteles o flayers pues siempre me apoyan y eso, y estoy muy agradecido. Como son personas muy ocupadas no han podido venir hasta ahora pero supongo que algún día se animarán”, asegura Rubén.
A pesar de aparentar ser gente normal, para ser perfopoeta, con todo lo que conlleva mostrarse, expresarse de forma más o menos íntima ante un público más o menos muy suyo, se percibe que al menos se requerirán ciertas cualidades extraordinarias. Además de esa voluntad tan libre que podría percibirse como libertina por dislocada, dada de sí, también quizás sean necesarias ciertas dotes expresivas y creativas propias del actor de teatro.
“La gente que participa en Actos Poéticos bebe del arte dramático, de la capacidad dramática que tenga, pero tampoco tiene por qué, porque si tú sientes realmente lo que quieres trasmitir, tampoco necesitas demasiado ser buen actor. Porque si tú eres fiel y sabes por qué estás haciendo lo que estás haciendo, creo que te sale, porque lo sientes, porque lo vives. Hay un estado mental distinto cuando estás participando, creando una performance, porque personalmente yo ya no pienso como Rubén Ruiz o como parte de Actos Poéticos, sino que soy parte de esa obra de arte. Un instrumento en la performance es tu cuerpo, y conocer tu cuerpo, forzar tu cuerpo como herramienta artística es algo básico, que muchas veces va más allá de interpretar”.
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Dentro de todo el cúmulo innegable e imparable de pretensiones que guardan sus performances, sumado al que ya lleva de por sí la perfopoesía como disciplina artística en general, y el arte tomado como tal en concreto, que es lo que hace a la poesía, por encima de cualquier otra forma de expresión, ser lo que es y escapar mejor que nada de lo que no es, y convertir en algo propio todo lo que toca, buceando dentro de esa maraña de aspiraciones es donde les reside la vertiente pragmática, realista, innegable y a veces imparable, que todo el mundo se supone que tiene. Esa que les hace conscientes de que nadie o casi nadie se gana la vida con la perfopoesía, que muy pocos con la poesía, y de lo raro que es sobrevivir como colectivo o ciclo poético en el devenir futuro de los días, pues por muy vivo que se esté en el presente, uno está muerto sin futuro.
“Apoyo hay muy poco. Hay apoyo en cuanto a te dejo mi local o voy a participar contigo dándote la capacidad que tengo, si soy cámara te grabo, si soy diseñador te diseño, ahí el apoyo es infinito, pero apoyo económico, y llega un momento en el que el único apoyo que necesitas es económico, pues no hay ninguno, tienes que tirar de dinero propio, o de familiares, o de donaciones sugeridas. Nosotros somos gratuitos pero pedimos una donación sugerida”, comenta Rubén. “No se puede uno ganar la vida con esto. Se pierde siempre”, afirma Leocadio. “Todos los meses perdemos algo de dinero, salvo que haya algún organismo como el caso del Cicus que nos apoye detrás”, añade Rubén.
Pero a pesar de todo, el futuro. El acto poético número ocho, para lo que buscan local. Más Batallas Líricas. Hacer una performance global en Sevilla. “Los objetivos físicos, materiales, son seguir con el ciclo, seguir adelante, siendo cada vez mejores y un poquito más grandes. Después están los objetivos más etéreos, que es que la performance sea algo cotidiano, incluso algo accesible en una ciudad como Sevilla. Vamos buscando gente nueva fuera de Sevilla, en Bellas Artes, en Filología, cualquiera que tenga una idea que sea afín al espíritu de Actos Poéticos que nos manden un proyecto, nosotros vemos si es posible, si lo podemos hacer con los medios que tenemos”.
“Tenemos proyectos paralelos que se englobarían fuera de lo que es el Actos Poéticos mensual, que son performances más grandes. Tengo una idea, y quiero empezar a pedir financiación a través de Kickstarter, que es una fuente de financiación por goteo, para una performance que tengo pensada hacer en toda Sevilla a la vez. No te quiero decir mucho porque sino…la gente cuando dice que Actos Poéticos va a hacer algo se tira un poco para atrás…dice ufff…”, explica Rubén. “Puedes salir manchado o un poco mareado…este es un proyecto que creo que es bastante bonito, bastante poético”, añade Leocadio.
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Y para terminar se abre el telón, ese que más que imaginario para unos o inexistente para otros o a veces real para todos, es tan sólido como el espacio que se abre entre el cielo y la tierra. Ahí la perfopoesía puede verse como una especie de paso al frente, como una pataleta valiente para escapar del cordón umbilical de las meras palabras, por supuesto sin escapar del todo, pues la atadura desde ese lado siempre resulta indestructible. Desde el otro lado los límites se antojan a veces débiles, como si se estuviera en una especie de letargo, entre el sueño y la realidad, entre el hipnotismo profundo y el enamoramiento pleno, y el absurdo y el tropiezo hacia una comicidad contagiosa, hacia una frivolidad risueña propia de monólogos cómicos.
La poesía debe de ser algo parecido a eso de hacer el amor, que se percibe trascendente, pero que en público ya no es lo mismo, da como un poco de cosa, o hay que ser muy bueno, o estar muy necesitado.
Pero se esté en el lado en el que se esté, siempre debería afrontarse con la misma voluntad con la que los perfopoetas la encaran, la viven, desde el respeto profundo a quienes lo dan todo, a quienes no se guardan nada, pues quién puede decir hoy en día que lo da todo en lo que hace, ¿quién?, ¿los políticos?, ¿los periodistas?, ¿los economistas?
Así que están de suerte, la filosofía del darlo todo es una filosofía hoy en día muy invocada, muy de moda, muy demandada, no obstante es una filosofía puramente alemana, pero más que de los actualmente famosos e influyentes Bundesbank o CDU de Angela Merkel, es más propia de los ya casi olvidados Johann Wolfgang von Goethe y el Romanticismo Alemán.

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